sábado, 20 de junio de 2026

ELA

 Conocer para comprender, comprender para ayudar

Hace unos días asistí a una charla sobre la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica ) y salí con una sensación difícil de describir: admiración, respeto y la certeza de que aún queda mucho por hacer.

A menudo escuchamos cifras, estadísticas o noticias sobre enfermedades, pero detrás de cada número hay una persona, una familia y una historia de lucha. La ELA es una enfermedad neurodegenerativa que va apagando poco a poco capacidades tan cotidianas como caminar, hablar, comer o respirar. Y, sin embargo, no consigue apagar algo fundamental: la dignidad, la fortaleza y la esperanza de quienes la enfrentan cada día.

Durante la charla se habló de investigación, de ensayos clínicos y de la necesidad de seguir invirtiendo en ciencia. Porque cada avance, por pequeño que parezca, puede significar una oportunidad para miles de personas. La investigación necesita recursos, pero también necesita algo igual de importante: el compromiso de una sociedad que no mire hacia otro lado.

También se destacó la importancia de trabajar en red. Médicos, enfermeros, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, familias, asociaciones y administraciones deben actuar de forma coordinada. Cuando una enfermedad es tan compleja, nadie puede afrontar el camino en solitario.

Me impactó especialmente una idea: la ELA no solo afecta al paciente; transforma la vida de todo su entorno. Por eso, además de tratamientos e investigación, hacen falta empatía, apoyo, recursos y respuestas rápidas. Hace falta una sociedad capaz de acompañar.

Me quedo con una reflexión que resume todo lo aprendido: no hay nada que una más a las personas que la solidaridad frente a la adversidad. La ELA nos recuerda la fragilidad de la vida, pero también la enorme capacidad humana para cuidar, ayudar y luchar juntos.

Que esta enfermedad no sea invisible. Que la investigación avance. Que los pacientes y sus familias nunca se sientan solos. Y que nuestro compromiso se traduzca en hechos.

 Por quienes conviven con la ELA. Por sus familias. Por la investigación. Por la esperanza



viernes, 19 de junio de 2026

La diferencia

 ¿Un pensamiento o una reflexión? la diferencia…


No todos están preparados para encontrarse de verdad con otro ser humano. Abrirse y compartir no es sencillo, sobre todo cuando lo que entregas son sentimientos, autenticidad y vida.


A veces buscamos atención sin darnos cuenta, y otras veces nos llega sin haberla pedido. Con los años entendí que es mejor estar solo y en paz que rodeado de quien no aporta. Hoy elijo a quienes suman calma, no a quienes traen tormenta.


He visto la frustración en muchas miradas, esa sensación de no ser comprendidos. Y entonces recuerdo: no estamos aquí para convencer a nadie, estamos para disfrutar de estar, de coincidir, de vivir.


Me digo siempre: “Cuando alguien quiera hablar de verdad, vendrá. La realidad no necesita discusión, solo estar presente ”.

Cambiar?



Si pudiera cambiar algo de mí, ¿qué sería? Quizá la impaciencia. Pero aprendí que no necesito apurar nada: lo que vale la pena toma su tiempo.

Con el paso de los años  he visto que me gustan las personas que saben lo que quieren. Esa cualidad es rara y valiosa, aunque creo que lo que más me gusta de alguien es la forma en que se preocupa por los demás. No se trata de grandezas, sino de detalles.