domingo, 9 de agosto de 2026

Estallidos de felicidad


Vivimos tan deprisa que muchas veces las cosas que nos ocurren pasan por nuestra vida sin que apenas tengamos tiempo de sentirlas. Ocurren, pasan y seguimos, y cuando después intentamos recordarlas quizá conservamos la imagen de aquel momento, pero ni siquiera somos capaces de recordar qué emoción nos produjo.

Con los años he aprendido a pararme cuando siento que todo va demasiado rápido, o cuando descubro que estoy viviendo algo sin disfrutarlo realmente. Me paro y me obligo a sentir, a estar ahí, en ese instante. Y es entonces cuando descubro que la felicidad estalla durante unos segundos y me recuerda que soy una persona afortunada: tengo a mi lado a personas que adoro, familia, amigos… y mi perrita.

Son pequeños trocitos de felicidad que aparecen sin avisar y, por un momento, me abrazan y me llenan de alegría: una cañita junto a quien comparte conmigo la vida, un cortadito con mis padres a primera hora de la mañana, un paseo con mi perrita, una anécdota graciosa con mis compañeros de trabajo, una cabezadita en el sillón mientras veo una película… Momentos sencillos, casi insignificantes, que cuando me detengo a sentirlos descubro que son, precisamente, los que hacen que la vida merezca tanto la pena.

Quizá la felicidad no sea un estado permanente ni algo que tengamos que perseguir. Quizá sean simplemente esos pequeños instantes que aparecen de vez en cuando y que, si estamos atentos, nos recuerdan lo afortunados que somos.

¡No podemos parar el tiempo, pero si podemos decidir qué hacemos con el tiempo que tenemos! Vive.

sábado, 20 de junio de 2026

ELA

 Conocer para comprender, comprender para ayudar

Hace unos días asistí a una charla sobre la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica ) y salí con una sensación difícil de describir: admiración, respeto y la certeza de que aún queda mucho por hacer.

A menudo escuchamos cifras, estadísticas o noticias sobre enfermedades, pero detrás de cada número hay una persona, una familia y una historia de lucha. La ELA es una enfermedad neurodegenerativa que va apagando poco a poco capacidades tan cotidianas como caminar, hablar, comer o respirar. Y, sin embargo, no consigue apagar algo fundamental: la dignidad, la fortaleza y la esperanza de quienes la enfrentan cada día.

Durante la charla se habló de investigación, de ensayos clínicos y de la necesidad de seguir invirtiendo en ciencia. Porque cada avance, por pequeño que parezca, puede significar una oportunidad para miles de personas. La investigación necesita recursos, pero también necesita algo igual de importante: el compromiso de una sociedad que no mire hacia otro lado.

También se destacó la importancia de trabajar en red. Médicos, enfermeros, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, familias, asociaciones y administraciones deben actuar de forma coordinada. Cuando una enfermedad es tan compleja, nadie puede afrontar el camino en solitario.

Me impactó especialmente una idea: la ELA no solo afecta al paciente; transforma la vida de todo su entorno. Por eso, además de tratamientos e investigación, hacen falta empatía, apoyo, recursos y respuestas rápidas. Hace falta una sociedad capaz de acompañar.

Me quedo con una reflexión que resume todo lo aprendido: no hay nada que una más a las personas que la solidaridad frente a la adversidad. La ELA nos recuerda la fragilidad de la vida, pero también la enorme capacidad humana para cuidar, ayudar y luchar juntos.

Que esta enfermedad no sea invisible. Que la investigación avance. Que los pacientes y sus familias nunca se sientan solos. Y que nuestro compromiso se traduzca en hechos.

 Por quienes conviven con la ELA. Por sus familias. Por la investigación. Por la esperanza



viernes, 19 de junio de 2026

La diferencia

 ¿Un pensamiento o una reflexión? la diferencia…


No todos están preparados para encontrarse de verdad con otro ser humano. Abrirse y compartir no es sencillo, sobre todo cuando lo que entregas son sentimientos, autenticidad y vida.


A veces buscamos atención sin darnos cuenta, y otras veces nos llega sin haberla pedido. Con los años entendí que es mejor estar solo y en paz que rodeado de quien no aporta. Hoy elijo a quienes suman calma, no a quienes traen tormenta.


He visto la frustración en muchas miradas, esa sensación de no ser comprendidos. Y entonces recuerdo: no estamos aquí para convencer a nadie, estamos para disfrutar de estar, de coincidir, de vivir.


Me digo siempre: “Cuando alguien quiera hablar de verdad, vendrá. La realidad no necesita discusión, solo estar presente ”.

Cambiar?



Si pudiera cambiar algo de mí, ¿qué sería? Quizá la impaciencia. Pero aprendí que no necesito apurar nada: lo que vale la pena toma su tiempo.

Con el paso de los años  he visto que me gustan las personas que saben lo que quieren. Esa cualidad es rara y valiosa, aunque creo que lo que más me gusta de alguien es la forma en que se preocupa por los demás. No se trata de grandezas, sino de detalles.